domingo, 8 de julio de 2007

SÍ, LO SOÑÉ...

Lo soñé. El subconciente me trajo su presencia hiperkinética, tan joven. Faltaba la pipa, nomás. Pero ahí estaba. Su sonrisa (la misma, con la dosis letal de cinismo) atravesó kilómetros, meses, silencios, dudas, diferencias; me hizo cosquillas en el útero y se puso a navegar por mis arterias activando la memoria como torrente de agua cálida, abatiendo al invierno. Mi habitación se iluminó con la imagen de sus labios sensuales declamando un texto inolvidable, el sabor del mate y el café (preludio y protocolo de argumentaciones díscolas sobre la existencia), la sabiduría callejera de Sabina, alguna sonata de Brahms (si habré deseado convertirme en Clara Wieck, sólo por él), un libro con fotos del Che. Aún conservo una dedicatoria escueta en un libro sobre fuegos místicos, algunas esquelas y notas al margen, el recuerdo de frases y preguntas tan lacónicas como exuberantes de urgentes interpretaciones.
Una reciente sentencia lórdica reza: Si sentís que algo te quedó pendiente no lo dejés así, decilo. Pero esta vez no voy a llamarlo para confesarle lo que nunca me animé. Ya es tarde. Temo que las pérfidas palabras lo disuelvan en los abismos del destino. Lo prefiero como esta madrugada, en su sempiterna e incorruptible tangibilidad onírica.

"Pequeños sueños", una tierna canción de Árbol (haciendo click sobre el nombre, audio y video)

sábado, 7 de julio de 2007

SÁBADO: azul profundo sobre el gris

¿Qué puede hacerse un día como el de hoy? preguntó mi hermana Cecilia mirando hacia el cielo plomizo. Regodearse en la nostalgia -resonó en mi fuero interno.

Por eso este viejo y querido ¿poema?. Un listado de cosas tan imposibles como anheladas:

EN PERSPECTIVA
Estepas. Nebulosas de Andrómeda.
La contemplación del cenit en Estambul.
Esa imagen imposible en el calidoscopio.
Repeticiones idénticas de sensaciones efímeras.
Opus nigrum.
La derogación de todas las crueldades.
Los paradigmas absolutos.
Una fuente de agua viva en la quebrada de Humahuaca.
El icono perfecto. La verdad.
El hallazgo del criterio incuestionable que dirija y justifique cada acción.
La epopeya permanente del deseo.
Un instante de imperturbabilidad.
El cielo estrellado sobre mí, alguna noche en la selva amazónica.
La ley moral en mí, más acá de la cultura.
El big bang.
Todos los perfumes, y ninguno.
La belleza indescriptible. La unidad.
El sonido inmaculadamente simple.
Alas. Hipocampos. Saciedad.
Conversiones sin arrepentimientos.
La lección ideal de metafísica.
Libertad, igualdad, fraternidad.
La refutación a la dialéctica del amo y el esclavo.
Una escala de sol desplegada en el espacio ilimitado.
El reflejo de la rosa en una lágrima.
Un pasaje sin regreso al infinito.
La posesión de todas las formas.
El lenguaje universal.
Los principios.
La memoria del origen.

Hoy lo ví,
estaba lejos...

perpetrado el 28/8/03, día de San Agustín
Clima sonoro: blues, baby, tomá estos dos blues

viernes, 6 de julio de 2007

MOTIVOS

Mi jefa decidió remodelar su despacho. Trajo de su casa unas cuantas macetas con plantines que hacen malabares para sobrevivir en ese sitio tan poco acogedor. En la pared detrás de su escritorio hizo colocar un mapa de la provincia, con los datos completos de cada departamento y localidades; a la derecha, un plano actualizado de la ciudad. "Lo único que me falta ahora es conseguir una foto de Brad Pitt y ponerla enfrente mío, para inspirarme" -me comentó jocosa, una mañana.

Me quedé pensando qué necesitaría yo para animarme a ir a esa cloaca de rutina cada día. Un video del Haka de los All Blacks (con imágenes de Jonah Lomu en acción) o imágenes (tamaño natural) y voz del cantante de la banda rosarina Fluido fue lo primero que se me ocurrió.

Sin embargo, y profundizando en la meditación, ahora sé que lo verdaderamente motivador es el deseo de convertirme alguna vez en un Pegaso piromaníaco, un súcubo de Hefesto, una vestal alada al servicio de llamas purificantes. Que todo el edificio se rinda incondicionalmente al calor de vetas naranjas, amarillas, azulinas, mientras suena magnífico el Dies Irae de Verdi; al final, sobre las cenizas inmaculadas de la destrucción total, me eleve yo, ebria de satisfacción.


Desde entonces, con ese pensamiento me levanto, me visto, pido un radiotaxi y ficho la entrada. Tareas que realizo con una alegría intestina, auténtica, intransferible.



jueves, 5 de julio de 2007

FIJACIÓN

obsesión (Del lat. obsessĭo, -ōnis, asedio)
1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.
2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.




  • laberintos

  • abadías benedictinas, monjes en hábito y altares de piedra

  • fuego y agua en extensiones inconmensurables

  • ausencia de un tú

  • espejos

  • templarios en campo de batalla

  • arrebatos místicos

  • el desencuentro y su siamés, el abandono

  • citas bíblicas

  • poema "1964" de Borges

  • filosofía

  • el desierto de noche

  • la consideración del infinito

  • el recuerdo de ciertas manos, cierta piel

  • la muerte

  • túnicas anaranjadas budistas

  • estigmas

  • aroma a incienso

  • deseos de polenta con salsa bolognesa y muuuuucho queso cremoso

  • Facundo Macarrón

martes, 3 de julio de 2007

REGLA EMPÍRICA

La aparición del sol es directamente proporcional a la hondura de mi tristeza.

lunes, 2 de julio de 2007

PREMIADA

La señorita pasquineta y su séquito de adorables mascotas felinas me han otorgado, nuevamente, un galardón.
La señorita pasquineta y su séquito de adorables mascotas felinas han sido muy generosas conmigo, en ésta y la anterior oportunidad (un blog que suprimí).
Por lo mismo, la señorita pasquineta y su séquito de adorables mascotas felinas resultaron sumamente consideradas (indulgentes, compasivas, diría más bien) con mis desgarraduras.
Sigo asombrándome de lo que mi escritura pueda provocar en otros, dado que escribir es -para mí- un acto desesperado y casi compulsivo. En algunas situaciones, hasta aborrecible resulta. Pero no puedo dejar de hacerlo, es mi farmakon (remedio y veneno). Lo que queda en estos espacios es residual: fracturas, hilados atormentados, búsqueda obstinada de absoluto, semillas de oscuridad, intentos frustrados de acercamiento. En una vieja bitácora registré mi estado, al modo de revelación: "ahora sólo me tengo a mí: puras esporas diseminadas al azar en alguna estepa infinitísima". Eso son mis palabras: polen aleatorio que se pierde en los abismos.
La señorita pasquineta y su séquito de adorables mascotas felinas me han puesto en un doble apriete. Por un lado, parecen convencidas de que mi blog les da qué y que pensar; tremendo problema para quien vive convulsionada por la filosofía y sus engaños, agazapada por las escaramuzas del logos, fascinada por el eterno culebrón entre el ser y el pensamiento. En relación a ello (el otro costado del inconveniente), lamento no poder cumplir con la consigna planteada de hacer una selección propia. Es que todos los espacios linkeados en esta plantilla, a la derecha, y sin excepción, me provocan millones de diversas sensaciones; sería injusta conmigo misma si eligiera a unos pocos entre ellos. Si hemos de dar razón a Descartes, pensar es también sentir, imaginar, creer, soñar. Pero no es tan simple resolver la cuestión.
Por tanto, reitero mi agradecimiento a la señorita pasquineta y su séquito de adorables mascotas felinas. Por su continua calidez y astucia (de no mediar mi debilidad por los animales, aceptaría este premio a regañadientes; y ellas lo saben, creo).
En cuanto a lo otro, he aquí a continuación un enigmático y bello poema de Heidegger, escrito en 1947:



[Aus der Erfahrung des Denkens] De la experiencia de pensar

Camino y balanza, vereda y leyenda
se encuentran en una andadura.
Marcha y sobrelleva

ausencia y pregunta
siguiéndote por un sendero.

Cuando la temprana luz mañanera crece callada sobre los montes...

El oscurecimiento del mundo jamás alcanza a la luz del ser.
Llegamos muy tarde para los dioses y muy pronto para el ser
cuyo poema comenzado es el hombre.
Sólo esto: avanzar en una estrella.
Pensar es limitarse a un pensamiento, que, como una estrella, queda una vez en el cielo del mundo.

Cuando la veleta ante la ventana de la cabaña canta con la tempestad que se alza...


Si el temple del pensar brota de la exigencia del ser, crece el lenguaje del destino.

Apenas tenemos una cosa ante los ojos, y en el corazón la escucho
vuelta hacia la palabra, se cumple felizmente el pensar.
Pocos hay expertos en diferenciar objeto aprendido y cosa pensada.
Si en el pensar hubiera antagonistas y no simples enemigos, mejor le iría al pensar.

Cuando entre cielos de lluvia, desgarrados, un repentino rayo de sol se desliza sobre las sombras de los prados...


Nunca llegamos a pensamientos. Llegan ellos a nosotros.

Tal es la hora propicia al diálogo.
Se alegra en la meditación común. Que no enfrenta encontrados sentires,
ni tolera acuerdos renunciatorios.
El pensar sigue alzándose duro entre el viento de las cosas.
Quizá de tal comunidad algunos saldrán camaradas en el taller del pensar.
Para que uno de ellos, sin sospecharlo, se torne maestro.

Cuando en primavera florecen aislados narcisos, ocultos en el prado. Y la eglantina brilla bajo el arce...


El esplendor de lo sencillo.

Sólo la forma conserva fisonomía.
Pero la forma descansa en poema.
¿A quién puede traspasar el entusiasmo como un soplo, si quiere evitar la tristeza?
El dolor regala su fuerza salvadora donde no sospechamos.

Cuando el viento, saltando brusco, gruñe entre la armazón de la cabaña, ya el día se pone ceñudo...


Tres peligros rondan al pensar.

El peligro bueno, es decir, salvador, es la vecindad del poeta cantor.
El peligro perverso, es decir, más agudo, es el propio pensar.
El peligro malo, es decir, confusionario, es el filosofar.

Cuando en día de verano la mariposa descansa en la flor y, con las alas juntas, se columpia en la brisa del prado...


Toda situación de ánimo es eco del ánimo del ser, que nuestro pensar reúne en el juego del mundo.

En el pensar, cada cosa se torna solitaria y lenta.
En la paciencia, crece la magnanimidad.
Quien piensa en grande, en grande debe errar.

Cuando el arroyo montesino en la calma nocturna narra de sus caídas por los canchales...


Lo más antiguo de lo antiguo llega desde atrás a nuestro pensar, y, sin embargo, se nos adelanta.

Por eso el pensar se detiene en la aparición de lo que fue, y es recuerdo.
Antiguo significa: pararse a tiempo donde el pensamiento solitario de un camino de pensar se enreda en sus recodos.
Arriesgamos el salto de la filosofía al pensar cuando hemos llegado a estar en casa en el origen del pensar.

Cuando en las noches de invierno tempestades de nieve sacuden la cabaña, y una mañana el paisaje ha enmudecido en lo blanco...


El decirse del pensar reposaría sólo en su esencia si se hiciera impotente para decir lo que debe quedar callado.

Tal impotencia pondría al pensamiento ante la cosa.
Nunca, en ninguna lengua, lo pronunciado es lo dicho.
Que a cada vez y de repente haya un pensamiento, ¿qué asombro querría sondearlo?

Cuando baja un repicar de campanas por las laderas del valle, donde suben despacio los rebaños...


El carácter poético del pensamiento aún está velado.

Cuando se muestra, largo tiempo semeja la utopía de un entendimiento semipoético.
Pero el poetizar pensante es de veras la topología del ser:
le dice el sitio de su esencia.

Cuando la luz del ocaso, cayendo en el bosque de no sé dónde, dora los troncos...


Cantar y pensar son los troncos cercanos del poetizar.

Crecen del ser y se alzan hasta tocar su verdad.
Su unión hace pensar lo que de los árboles del bosque dijera Hölderlin
“Mutuamente desconocidos permanecen,
alzándose erguidos, los vecinos troncos.”

Los bosques acampan.

Los arroyos caen.
Los canchales duran.
La lluvia fluye.
Las mieses esperan.
Las fuentes manan.
Los vientos moran.
La bendición medita.

domingo, 1 de julio de 2007

ACÁ ABAJO

Desde el otro lado de la trinchera me llegó el sonido de alarma. Aviso de abulia, de apatía continuada. Yo lo escucho sin inmutarme. Se asemeja a cierta pretérita exhortación al confinamiento de los sentidos, a una invitación al retiro pospuesta súbitamente. El ruido, para los privados de luminosidad, es una tortura sin descanso, a la que finalmente nos acostumbramos. Y la enfermedad atrae a más seres: secos, lánguidos, ásperos, agrios y resistidos como nosotros.
Acá abajo, en las profundidades violetas del ego amordazado, reina la monotonía. En el mismo momento en que somos concientes de ella nos convertimos en residentes del infierno. Carta de ciudadanía con carnet, por los siglos de los siglos. Todo igual, todo uniforme, todo refractario a cualquier renovación. En este lugar las riquezas se ocultan, los halagos se desprecian, el éxito es insultado con sarcasmo, el corazón se deshidrata. La ansiedad retorna en forma de lucidez. Por eso aborrecemos los espejos. Nosotros lo sabemos. No jadeamos tras las ilusiones. Nosotros lo vemos. Asumimos el magnético horror de la existencia sin conmovernos. No hacemos contubernios con la felicidad. Nos cuidamos particularmente de la ternura, esquivamos con aplomo las falsas máscaras de la inocencia.
Nuestra ley es un colectivo atiborrado de palabras blasfemas que nadie se atreve a pronunciar fuera de estos recintos sin sentirse un estropajo: dudas, frustración, inseguridad, denigración, perversión, fracaso, pecado, hastío, miseria, imbecilidad, incapacidad, odio, ridiculez, indiferencia, fealdad, desprecio.
Aunque suene a excusa, la nuestra es una causa contra ella. Ella, la intermediaria de los poderes celestiales. La puta disfrazada de señora. La conocemos muy bien, acá en estos reductos subterráneos. La fémina más jodida. La cortesana que comercia con la libertad (aunque la libertad sea una quimera para los pusilánimes). Letalidad para el alma, su presencia justiciera. Perversa. Traicionera. Hipócrita. Pero a nosotros no nos asusta. A nosotros nos alienta el desafío de ganarle, cada vez, en cada sitio. A ella y su séquito de preguntas estériles. A ella, la bastarda de cualquier emprendimiento. La madre de las morales y las reglas. El yugo de los cobardes. Ella, la maldita culpa.