René Magritte "La condición humana", 1935¿Habrá que tomar el mando de los escrúpulos colectivos o bastará con un anuncio?
¿Deberé sacrificar el anonimato o la traición?
Al momento del desembarco, ese es el horizonte psíquico, la ruleta de los dilemas.
El Señor Correcto desmenuza las hebras interrogativas, las acaricia y las sacude alternativamente, chequeando sus influjos nerviosos.
Existe algo como la automatización del miedo, y no es una opción: si la desesperación te encuentra digno, dirige tu curso.
Hay una pulseada permanente con el goce. Pero algunos seres terminan convirtiendo a la seguridad en una festichola sin invitados ni delicatessen. El Señor Correcto es tan impecable, tan educado que asfixia.
* * * INTERVALO * * *
Y quiere ir al Camposanto, atravesando el arcoiris.
Y pretende no desgastarse tanto las yemas y los meniscos -paranoia corporal-
Y a veces es un bloqueo de humores, y a veces una sociedad de fomento.
Y en cada palco espantajos de estériles contiendas le regalan burlas. Y Lorca, y Yeats, y cátaros, y Marechal dándole letra a las iteraciones.
Ella despoblaría su carnaval maniático en un segundo, refundándolo.
Lo limpiaría de quejas, desmalezaría su feudo henchido de Intentos Criminales.
Aterrorizaría el manual de recuperaciones, su escudo de vacilación. Porque ella es diestra en el arte de acuñar distancias y ausencia, si se angosta la mirada temeraria.








