lunes, 30 de julio de 2007

ABRIENDO LA TRANQUERA

Para Alex, para ella.
Suelo olvidarme que detrás de los cercos hay mucho más que perfiles, seudónimos, direcciones de correo electrónico, administradores de páginas web, contactos. Se trata de personas, de carne, huesos, vísceras, humores, emociones, experiencias. Como yo, pero a la vez tan distintas. Cada cual con sus talentos, sus obsesiones, sus misterios y manifestaciones, sus sombras, sus encantos, sus complejos, sus caídas, su brillantez.
Entregada al juego cínico del lenguaje que esquiva el sentido, seducida por la perversidad de las palabras que nada dicen, engañada por las escaramuzas de las múltiples interpretaciones de lo mismo, aprendiz de la técnica mentirosa de los argumentos, habitualmente no pienso que hay muchos que escriben con sangre, que se les desgarra la piel o se les contraen los músculos con alguna frase reveladora, que se desgastan buscando el adjetivo justo, que no les importa perderse en la incógnita de tres puntos suspensivos. Seres que encaran ese esfuerzo ciclópeo por exponer su verdad, porque para ellos la verdad es adecuación entre el pensamiento y las cosas.
Embelesada en la contemplación de mis propias llagas, me he vuelto ciega a las heridas ajenas, a la infelicidad que gotea a mi alrededor. Como si en la competencia de los pesares el primer lugar fuese siempre mío, por los siglos de los siglos. De pronto, con toda su feroz inocencia, el dolor del otro irrumpe límpido, dedo que señala mi fantástica estupidez.
En estos tiempos de redes, conexiones y globalización, el encuentro continúa siendo una excepción. Quizás esa sea la razón de su valor, el precio de lo raro, la piedra exótica del sagaz coleccionista . Y está bien que así sea.
El contacto real con el otro sigue siendo, para mí, algo maravilloso. Incluso perturbador. De todos aquellos que he conocido rompiendo las barreras de la virtualidad, nada me ha conmovido (y me conmueve) tanto como su voz. Será mi sensibilidad auditiva, será que la voz es la música del alma, será que cada uno posee un sonido que lo hace único. Puedo olvidar una idea, un cuerpo, un nombre, pero mi reminiscencia está hecha de notas y silencios musicales. Respecto de la imagen, lo inalterable y original es la mirada. Y es una lástima que la nuestra no sea una cultura que incentive más el olfato y el tacto como modos de conocimiento. Un aroma, una textura, llegan a lo infinito, tienen ese poder inexplicable de lo volátil.
Hace poco decíamos con un amigo que los blogs son autoreferenciales, es su sello distintivo. Y esto aún en los comentarios. Sin embargo, no hay un auto sin un alter; de otra manera quedaríamos atrincherados en la mezquindad del ego, aniquilados en su voracidad (pero insatisfechos). Hay tanto allá afuera, tanta inmensidad que recorrer…

PARA NO OLVIDARNOS
Que la cotidianeidad de leernos no se agote, que halle sustento en la apertura del espíritu, que genere deseos de abrazos, charlas cara a cara y oídos regocijados por canciones nuevas, que derribe monitores, que embotelle rutas, que colapse radares y enloquezca a los servidores. Que sean el corazón y las horas compartidas quienes redacten, al unísono, una Gigantesca y Común Bitácora.

4 comentarios:

Soorikeit dijo...

dany, eres tu?

Si?
QUE PASO AHORA?

GISOFANIA dijo...

Rodrigo! qué alegría!
sí, soy yo. no pasó nada. sólo es un nuevo blog.
un abrazo

Amperio dijo...

Yo siempre ando con ganas de abrazos, compañera. Y Ud. que suele andar por ahí, diciendo y despertando emociones. Seguimos en la bitácora común. Como siempre. Ahí estamos.

UAP

Alyxandria Faderland dijo...

Recien ahora lo veo, como siempre entre gallos y media noche: no es la unica amiga Mariposa que a veces se cree la que esta en el pedestal del sufrimiento. A veces me ataca y mal, supongo que a todos nos pasa. Y siempre es algo similar a lo que describes lo que nos baja de un hondazo que nos deja despanzurrados sobre el piso al ver que a otros les sucede lo mismo, similar o algo peor. Como si fuera poco lo que ya te dolia antes, encima te duele el porrazo, dice mi hermana.